16 septiembre, 2010

ya ves, dos compañeras

Es parte de la emoción tener unos ojos, -y qué ojos- compañeros en la tribuna de atrás, entre banderas de la cámpora. Lo fue al mismo tiempo que vicki, a mis espaldas, nos atrapaba en una foto. Y cuando ya terminado el acto, nos abrazamos encontradas en una misma pelea, que no se trataba ya de dos, sino de miles, y también de dos.

adelante jóvenes

sorprendida, porque cuando tantos deciden, es precisamente eso, una decisión. De partir. Y re-partir. Desde todos los frentes. Y se va subrayando la decisión. Y seguimos; con la mirada puesta en que está creciendo, tiene que crecer y va, a crecer. Una decisión de bancar, de pedir, de hacer, de creer y así, ir creando, creciendo, peleando, avanzando. Y la situación cambia, porque se dice, se palpa, se ve en el ambiente, se muestra. Atraviesa barrios, universidades, escuelas, clases, charlas con la cajera del súper de acá al lado, peleas con taxistas. Cosas que vienen de hace tanto y de cuántos rincones hasta no hace mucho solitarios, que hoy son un frente, identificados, encontrados, discutiendo desde un nosotros, en la calle, gritándole una, sola, agrogarca a buzzi cuando bajó del auto por cochabamba, en la cara y seguir caminando. Se llena el luna park en un rato, y el barrio, las calles, la plaza, se mezclan jóvenes remeras banderas. Hay alegría, dedos en ve, cantos, bombos, gritos. Llegan colectivos, se llena de provincias la calle, a un costado Entre Ríos, más allá Corrientes, San Juan, Santa fe, de minas, de pibes, que no conozco, que nunca vi, pero están contentos, como yo, sumandos a canciones parecidas. Los vecinos miran, pasan ejecutivos de su oficina al banco, y estamos ahí, en la calle que caminan todos los días, cada uno multiplicado en miles. Los kioscos se llenan de zapatillas, de botas, que vienen caminando una misma razón. Las edades se mezclaban y bailaban un malambo para el pro, por ejemplo, que hace poco hizo un congreso para jóvenes, con una consigna de formación técnica para una nación grande, y se llamaba Pensar. Nos le cagamos de risa en la cara. Dos chicas preparaban a los apurones en la puerta de una empresa treinta sándwiches para comer dos cada uno, porque nos habían echado de un edificio, y quedamos en esa vereda que debe ser tan chiquita desde los treinta pisos del edificio de enfrente y el de al lado, y el de al lado de ése –no deja de llamarme la atención lo cerca y lejos que viven los porteños entre sí, visualmente-. Pero aunque amagaban no se venían abajo, ni los balcones ni los carteles, y nosotras podíamos entonces estar entre migas y alegría, bajando rápido una calle que parecía una cortada y de otro país, con botellas de agua y sándwiches preparados para atravesar la plaza y ver tantos que habían llegado y encontrar a los nuestros que nos esperaban con hambre y alegría. Todo el día fue así, si no sonreíamos al que teníamos al lado, que devolvía la misma sonrisa encendida, es porque estábamos sonriendo con el que unos metros más atrás también sonreía. O porque estábamos serios, con la garganta a punto de explotar, cantando con pasión, enardecidos en un canto que no era sólo nuestro, somos de la gloriosa juventud peronista, somos los herederos de perón y de evita, a pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido. Con fuerza, firmes, llegando de tantos lugares mezclados y de uno sólo. Yendo a bancar al proyecto nacional, somos los pibes de nestor, para la liberación. Mezclado pasado presente futuro provincias. Canciones que estan hechas de historia y de historias, de generaciones de hombres de mujeres de papás de abuelos de tíos de hermanos de primos, de decisiones de convicciones de sueños de derechos de causas de cambios. De tiempo. Sentía y entendía el ánimo que me estaba trayendo mientras nos veía ayer, dispersos cuando terminó, mezclándonos en la puerta, entre murga y emociones, encontrando un carrito que vendía cervezas, subiéndonos a colectivos distintos, volviendo a nuestros lugares. Y el ánimo es útil. Me siento como parte de algo más grande que lo que venía imaginando. Y en un contexto con tantas libertades como dijo cristina. Lo que quiere decir varias cosas. Algo así como, ver en términos históricos a dónde vamos con las libertades que tenemos y que vamos a seguir conquistando. y cómo las usamos, cómo las aprovechamos, qué les pedimos. No olvidarnos en ningún momento del día a dónde estamos yendo, con ese estadio, que los que pudimos ir captamos con los ojos asombrados ilusionados, y los que no, se contagiarán con las reproducciones y lo que venga por hacer. Tan conectados y decididos a ocupar espacios. Repartiendo volantes que se agarran con alegría y se intercambian y se piden, dame más del tuyo, y le dan a otros. Flameando banderas, encontrando rostros que se re-encuentran, con emoción. Llama el betta y mi alegría le relata lo que estaba viviendo desde hacía once horas, eran las cinco de la tarde, casi ni había dormido, lo escucho y entre medio hay bombos música ruido alegría, no resumo como ahora y le quiero contar todo en unos minutos, rebalsa. Todo es movilizante. En el colectivo de ida, entre pormenores de cosas que van pasando en los diferentes frentes del movimiento, discutimos sobre palabras que para mati hay que dejar de usar, puto, y para mí había que llenar de otro contenido.  Adentro del estadio le gritamos a axel y su marido, que vieron a ese puto que había discutido, de veintipico, alto, de dos metros, con una enana de pelo corto y entre abrazos nos dijeron que rosario fue muy importante para que todo eso fuera posible. Se mezclaban muchas cosas. Están mezcladas. Somos esa mezcla. Una chica bloguera contándonos sobre un concurso de blogs y premios para blogueros, con alegría. Las sillas de adelante esperaban con cartelitos a abuelas, a Florencia peña, a las madres, a boudou, cuando según los carteles la fiesta no había empezado. Todavía faltaba que hablara cristina, que viniera nestor. Hasta que en la pantalla del celular del compañero que tenía al lado aparecía, estalla el luna, impresionante. Sonreí por eso. Y pensé en la negra, que estaría en el departamento, y me pareció que no tenía que perderse lo que era todo eso. Y la llamé y le dije, prendé la tele o fijate que burgues asustado tiene un link para seguirlo en directo. Me escribió que estaba viendo el mismo video que había visto yo. Salieron lágrimas cuando apareció el último nieto a recuperar por nosotros, por ver el rostro de todo lo que tenemos por delante, serio, concreto, cada vez más claro, más cerca, con más alegría. Que necesita determinación, manos, cabezas, convicción, unidad en la pluralidad. Una pluralidad muy heterogénea, hija de décadas distintas y al interior de la década del año de la ciudad de la familia, las diferencias. Pero también hija de éste tiempo que recoge lo que viene de todo eso, -y más-, y ahí, una nena de cuatro con una calcomanía en la remera, la nación acá también crece, en los hombros de la mamá, al lado de unos chicos de catorce en adelante, y de los más viejos que veían a la juventud como si fuera un guiñe de ojo casi seguro, y sonreían  a multitudes en uno, a recuerdos, o a vernos aparecer y el guiñe de ojos le dice que la cosa dura, sigue, está, va, quiere. Y qué hacemos, lo mismo que veníamos haciendo, y más. Con Cristina potenciamos el aliento, los saltos, nuestras voces, con emoción, con convicción, con alegría de lo que escuchábamos. Y nestor mostrando la misma emoción, con el canca cerca, abal medina, las madres y abuelas, juan, los eternautas en el escenario, en las miradas con cristina que vienen siendo en tantos paisajes desde su juventud a esta parte, y que decía, cómo no los voy a querer si veo a tantos que ya no están ni van a estar. Nos lo decía a nosotros, los testigos de este tiempo, los que elegimos continuar una pelea que viene de hace mucho y vamos a seguir dando, sin cansancio. Los que vamos des-cubriendo a la par, la historia ninguneada, tapada, negociada. Cómo responderle al betta si cristina o nestor, cuando sentimos que son los dos, y nosotros, el acto. Cuando cantamos pingüino corazón acá tenes los pibes para la liberación, cristina corazón acá tenes los pibes para la liberación. Saltamos porque no somos de clarín. Porque somos tantos y organizados. Por eso podemos juntarnos tan heterogéneos en una misma causa. Cantándole al che, bailando el himno. Desde dónde trae cada uno su fuerza, a la misma historia. No tengo cámara para llevarme tantas partes de vidas. Varias cámaras se llevaron la remera de Martín fierro, mientras estaba de espalda, venimos a combatir alegremente, con alguna combinación extra de ojos que desconozco. Es toda una novedad que no esté sacando fotos, sino tendría alrededor de doscientas por lo menos. Le pedimos a un compañero del movimiento santafesino por la justicia social que nos sacara algunas. Miré tantas veces alrededor y era impresionante. Todos lo sentían así. Hay alegría en el video que también tuvo bronca, pero nos reímos cuando un papá dice a la hija; yo soy tu papá y te digo que, y el otro interviene; yo también soy tu papá y que digo que. Y en medio de todo aquello suenan las voces, se viaja a buenos aires, se vuelve a seguir con el día a día. Cómo no vamos a estar alegres. Si somos lo que se está reconociendo, des-velando, lo que crece, lo que va por más. También sorprendidos de que en el congreso de san juan haya habido uniformes de escuela, y en el acto todas las edades. Viéndonos, en otros, y a ellos en uno y a los que faltan sumarse. Escuchando al negro gimenez gritar mientras salía de saltar de adentro de una canción con otros compañeros, que raro un Bettanin haciendo quilombo. Con una bandera. Y un abrazo, mío, de él, de mi viejo, de tantos Bettanin que están tan cerca. Un abrazo al encuentro, al cruce que es hoy, y que nos hace abrazarnos así, ahí. Cada día se reparte un poco más la baraja que algunos se encargaron de robarse. Pablo y Pedro dijeron los que la han marcado y se llevan siempre la mejor parte. Nosotros decimos, ya basta. Y con alegría. Decididos. Mezclados. Unidos.

15 septiembre, 2010

pos luna

Sin voz, y el cuerpo no da más. Me voy a soñar, después de semejante día. Mañana, voy a escribir sobre alguna parte de todo lo que existió hasta hace un rato, que salíamos del luna, cantando como entramos. Impresionante.

14 septiembre, 2010

legitimidades


Una anécdota que nada que ver, pero que tengo ganas de escribir. En algún momento seguramente se asocie a alguna cosa, a cada rato compruebo que todo tiene que ver con todo. Y sino, sencillamente los entretelones de san juan, de un grupo de jóvenes con los que salimos, sin haber entrado, de esa cueva, y nos fuimos cantando, todavía esperando la mesa del chivo en el congreso, y el acto de nestor que nos iba a nombrar como jóvenes cuando pedía que las avenidas se abran y nuestra voz se escuche.
Suarez se esconde en una caricatura animada, de superficialidad extrema, con una profunda crudeza que juega con esa superficie y ahí hacer nadar a los demás, entre chapuzones y pataleos. Invita a atravesar momentos, como si fuéramos otros, le da una piedrita a cada uno para que jueguen al sapito. Desprecia con la mirada, pero está escondido ahí, resguardado. Cristina se va con la guitarra, la agarra como si fuera el puente a otro lugar, con algo de arrebato y determinación. Y basta acomodar los dedos para caminar las cuerdas, irse cantando, mientras otros quedamos acá, o nos vamos para algún otro lado, con su voz. Tantos caminos que tuvimos enfrente, que se abrían, a montañas de algún viajero que las elegía, a calles de asfalto, de piedras, de árboles. Escaleras en los cerros, como las que de vez en cuando dibujo, que no llevaban a ningún lugar. Otras que sí, conectaban a distintos niveles de altura, y uno las subía sin verse de lejos caminando esas montañas, con la idea firme de llegar a la cima, y ver, ya desde arriba, aquello que dejamos a los pies, donde ya no estamos. Entramos a una cueva, y había un viejito que esperaba, quién sabe qué mientras salía al frente de los visitantes como nosotros, que estaban en ese rincón del mundo, entre paredes y techos de piedras, adentro de una montaña perdida en san juan, con un viejito enfrente, de lunares y arrugas, entre sillones antiguos, de patios de abuelas, de colores estridentes, y animales embalsamados, y lo escuchábamos describiendo lo que había para ver, en los siguientes  50 y 70 kilómetros, sin poder creer que existían efectivamente vitrinas con dientes de elefantes, un mono chileno, tres chicos indios, su mamá, y en medio de aquello nos invita a leer un cartelito que estaba a nuestro costado, en el más desconcertante silencio, 500 millones de años atrás todo esto estaba abajo del mar. Eso decía el cartel.

a lo chino


Este Jueves 16 de Septiembre 
Torneo de Winning Eleven. Anota tu pareja en la mesita! Sale 10 pesos por persona y los recaudado es para colaborar con el viaje al chaco. Se va a jugar en la facu de ingenieria (pellegrini y ayacucho), play 2 y pantalla gigante, zonas de 4 equipos. el 1er premio va a ser un multi-tab, y para el segundo la inscripcion.
Anotate en la mesita!
Saludos!
 



¿qué obviedades decir? comunismo revolucionario que gana centros de estudiantes y propone la unidad obrero- chacarera - estudiantil.
Corriente popular anti imperialista, con un blog variado; un video de la pobreza de chaco, una explicación didáctica de cómo nestor y cristina saquean el país, una convocatoria a estudiantes de ciencia política para trabajar en federación agraria, una serie de facilidades para el que entra a la página -mandar mensajes de texto entre otras- una actividad del año pasado, paralela en tiempo a los foros por la nueva ley de medios, titulada "¿algo nuevo o fulbito para la tribuna?" con una foto de Del frade panelista invitado. 

escuchemos a Babsy Bunny


Que nadie pueda sentir que no se avisó.
Se llama a los jóvenes a creer en la política, en un cambio de rumbo, en una pelea contra los noventa, y más atras también. A salir a la calle, ser bocones, con alegría. A criticar a los digirentes, para construir. Se nos pide que estudiemos y que no nos olvidemos de la pelea de sentido. Que nos organicemos, en estos tiempos en que hay tantas oportunidades. Que seamos parte del proyecto que desde el 2003 hasta acá, nos hizo llegar a todo esto. Cuántos se imaginaron peleando contra Clarín, cara a cara, o aplicando una nueva ley de medios. Sueños que los más jóvenes ni siquiera veníamos peleando. Y lo que tenemos para crear son eso; nuestras luchas, las que hacemos nuestras, las que queremos y proyectamos para los que vendrán. Hacer de esta carrera, una larga, a continuar. Nos piden algo que tenemos ganas de hacer, acompañamos al tiempo que está siendo porque nos hace al mismo tiempo, y se nos interpela además generacionalmente, nos alientan aunque sepan de derrotas, de encontronazos con la pared, y precisamente por eso. Porque son convicciones, contagios, multiplicaciones. Se nos invita mañana a un teatro en el que vamos a ser protagonistas. Y también cristina, nestor, el entusiasmo, la cantidad. Nos miramos dando la pelea, siendo tantos. Y eso también nos alienta. Y estamos para contarlo, de tantas maneras.

13 septiembre, 2010

ya ves, dos extraños


Ya ves dos extraños
Una imagen que me encanta seguramente personificar. Porque la imaginé tantas veces, y de tantas formas, que los sentidos le variaron el aspecto, pero más que nada, porque esa incipiente sensación que derivó en las sucesivas creaciones, debe tener álgo -hay acentos que van a venir a caer aunque no deban- que decirme diferente, si me lanzo a personificarla ahora, cuando una señorita me lo propone desde sus diversos significantes. Y también sobre ése que personifica, que me queda un poco más lejos. Igual, sin ir tampoco a mí, sé que me gustaría el paseo, algo le encontraría. Sobre todo porque en algún fondo creo en la debilidad del conocimiento, en la inexorable extrañeza, que de tan corriente es conocida, y esto sería un vivir eso que creo. Pero es como si no me atreviera a seguir escribiendo, es decir, a ver a dónde me lleva, -que derivaría en escribir-.
En lugar de eso, salto a Varela que hace unos días le cantó a ellos, porque también vos, como ella, mantuvieron el género, o la neutralidad de dos seres humanos. Y entonces lo personifico, sin haberlo casi buscado, habiendo elegido escucharla para hacerme a un lado y poder decir algo de lo que intuye el inconsciente  y que no archivo diariamente. Pero es otro el lugar. Y no puedo más que lagrimear; los recuerdos me han hecho mal. Yo había imaginado encontrarme a lo mejor, -si me abstraía de unos otros-, como mucho, con otras relaciones, que podrían también tener esa entrelínea, y  viéndolas con  extrañeza anecdótica, nostálgica, incómoda, culposa. Pero la escuché demoledora y simplemente triste, y éramos nosotras. Tantos gritos provocaron que en vez de escucharse, duelen. Son tan entramadas las mujeres, -para darnos paso físicamente- pero en realidad los seres humanos, tan detallistas los caminos temporales –que una pincelada al pasar ya tiñe de estallidos-, tiene tanta capacidad lo que captan las creaciones mentales en el desarrollo sobre sí –la subjetividad del paso por las baldosas de los pasillos, los caprichos del ojo que recuerda y olvida-, tienen tantas ventanas las imaginaciones, son tan relativas las decisiones como débiles las debilidades –valga la redundancia-,  y son tantos los desafíos atrás de cada ventana, que da pánico si lo vemos. Y vayamos a saber, dónde nos deja el pánico. Lo curioso es cómo uno se arma su alrededor siéndole funcional a sí mismo, -se vea o no-, entrando y siendo parte de las situaciones más diversas, -hasta el punto que quedan confundidas las partes impulsoras; mente, cuerpo, tiempo, superficie, ilusión, repetición- y pudiéndose pasar de una a otra, sin importar contradicciones que son progresivas coherencias artísticas, o desastres borroneados. En medio de todo esto, entenderse. No ser dos extrañas. En un segundo podemos serlo, y en otro, ya no, y en algún otro quizás a medias. Hay un lugar desde el que, es verdad, podríamos dejar de serlo; una pincelada de una calle, que allá veo, que nos haría saltar a la otra, un puente que une dos pasillos, que llevan a un cuarto que acalla la música que baila en caricias sobre sábanas, un espacio de piel que nos mira, hay un segundo en el que cabe esa eternidad que nos deja desnudas. Pero no deja de haber fracasos, que se nos vienen encima, cortocircuitos, paredes en derrumbe, enojos que enroscan y gastan y chupan y así, muchísimos escenarios en que repetirnos buscando encontrarnos. La tristeza es morir sin vernos, porque la diferencia ahora es que no nos vemos, veníamos arrancándonos partes, con los sentidos puestos en eso. Lo triste es la ausencia de la otra  al alcance de la mano, -corporal mental y significativamente- atrás de todo esto que marea. Es saber que desistimos en algo que alguna vez inventamos. Vernos morir  como bollitos de papel arrugados. Espiar y encontrar que devenimos en otras, o no todavía. Pero si el cuento no es más de las dos, los caminos se nos multiplican. Y todo esto por haber escuchado la canción recién, con los oídos en una sintonía en ayuno, con la mano en este teclado, y Oliver ronroneando a mi costado. Hubiera elegido reírme inventando a la pareja presidencial como dos extraños y el aspecto del significante sería absolutamente otro. Y yo tendría algunas hectáreas menos de edificaciones recién construídas con huellas frescas en caminos  replegados, menos variedades y más cultivo de soja, toda igual, verde verde verde, soja soja soja, en la ventana del auto camino a santa fe. Somos tan escurridizos, vamos de frente a recibir las balas de la pistola que conocemos, y escondemos la cola de la metralla que nos desintegraría de a poco, y nos unificaría a la raíz, y nos mataría viviendo. Cómo no elegir ver la derrota como decisión, conocerse en el desencuentro, mirarse disueltas, desprotegidas, rengueando, con la camisa desprendida a la altura del hombro, media teta al aire, dos manos menos, y la tristeza de la imposibilidad. Cómo no querer desprendernos del drama y cambiar la mirada con fuerza y fantasía de que alguna tarde, en algún lugar, algún segundo, entre otros, después de un mate, o en algún pasillo,  se pueda ser.

percepciones


en segundos la marcha cambia, pasa algo y el paisaje es otro. Lo débil son las definiciones, que al pasar se transforman. La calle por la que andamos, la silla que nos sostiene hasta que se rompen las patas, el mar que miramos hasta que nos traga la ola. Y nos re acomodamos, pero no por eso dejamos de estar en la marea. Y nos chupa la mezcla de sal y agua y peces y arena. Si sacamos la cabeza bailamos con el viento. O lo miramos, inertes. Porque seguimos en movimiento, mientras cambian las configuraciones. Vi 678 después de varias semanas sin verlo, una sola noche, y fue suficiente para enojarme, putear, querer que se vayan todos a la mierda. Miré algunas cosas de twitter y sentí qué tan al alcance de la mano nos tenemos. Me entuasiasmé con d´elía, que lo banco taanto. Escribo esto y no sé qué llega a caber en palabras de tantos recorridos. Ni lo pienso y me acomodo entre las letras. Voy esta tarde al encuentro de juventud y veremos que pasa. Agarro los apuntes que tengo que estudiar y minimizo lo que está del otro lado de la puerta. Pongo el punto final y una nueva definición se crea. Débil. Muy débil. Pero inicia caminos, da vueltas, sigue, conversa con otros. Mientras me meto en los apuntes, todo eso queda lejos, hasta que vuelva.

semana de la juventud


Hoy, a las 18.30, en el sindicato de municipales (entre ríos 1242): Presentación de la semana de la juventud
Charla-debate: "el rol político de la juventud en el bicentenario". A cargo de compañeros y compañeras de los espacios que integran la Juventud del Movimiento Santafesino por la Justicia Social. aaa la mierda.

aerolita derrotera


Este blog se iba a llamar pateandopasillos. Con una intención rimbombante, de juego que esconde la seriedad que supone. Y más que nada porque era una patada que se alejaba a sí misma, dejando los pasillos; volando, rebotando, averiados, o estáticos segundos antes de la patada, pero estaban, y eso es lo que creo, en la existencia de pasillos. De acá a mi cuarto. De ahí a un balcón. Del bar al baño, de una casa a otra, de una entrada al fondo, en fin. Quería dibujar una maqueta que no se olvide de los pasillos, y sobre todo de los de más abajo, atravesando el mundo, los cielos, las ciudades, las palomas, los balcones, las ramas, los techos, alguna nuca y ahí, ésos, los del piso subterráneo, del pueblo, del barrio, del rincón perdido al costado de un edificio de once pisos. Del espacio que queda abajo del techo por el que pasa un gato. De los pasillos de las escuelas, las universidades, del supermercado. Donde se cruzan dos, tres, cuatro ya amontonados, y probablemente siguen, y es un lugar por el que se pasa, constantemente. Se choca, se mira, se muestra, se habla. Y hay por todos lados. Entre tanta arquitectura estallé y aerolito vino como una canica, arrastrándose con impulso, a tocar la puerta del dormitorio y por un pasillo directo a la puerta del blog. Lo difícil fue limitar su andar; por eso derrotera. Podía ser desorbitada, pero se me venían los ojos de Néstor y no es algo que quiera re-editar. Patalea, pero salpica mucho y no deja de patalear. Desoye, pero lo prefiero más en algún apartado de alguna página –un post- y menos en un nombre, así, expuesto de entrada. Derrotera derrapa en el ferrocarril. Y aerolita salta de vagón en vagón. Estalla en uno y se reconfigura en otro. Toma forma, brilla y se va, o se enciende y crece. Hay aerolitos por todos lados, los tenemos girando en sangre, saliendo por los dedos, explotando en los bolsillos, adheridos a las pupilas. Está en la calle que empieza a trotar, porque aerolitos arden y la nada se cansó de ser nada y es algo, de ser acallada y gritó, prendieron ideas imágenes deseos que estaban relegadas a la fragmentación. Se renuevan entusiasmos que nunca se fueron pero que ahora se miran las caras, se saben en número, se sorprenden de la cantidad, se identifican. Sin diferencias -de edades, de etapas históricas que cada uno vivió, de decisiones que tomó- cuando se miran, cuando sienten, o cantan, cuando ocupan un espacio, o inventan alguna actividad, y dibujan una charla tras otra, apasionados. Y el derrotero está planteado, hacia allá se va. No nos van a venir a pedir que aguantemos a clarín. No nos van a venir a advertir  si las cadenas nacionales se multiplican, si los programas de canal 7 no se qué. No van a venir a comparar mostrándonos con los que ni siquiera somos. Tengo la voz de Soriano rememorando una infancia con lanchita peronista a los pies de un limonero, queriendo hacer la cola para llegar a una pelota o unos soldaditos, si no se los habían llevado. Y la misma voz preguntando apesadumbrado, cómo iba a ser eso puro populismo demagógico. La hegemonía de los medios, la soberbia de cristina, los blogueros rentados k, los objetivos ocultos en la letra más minúscula de un contrato que no existe, la autonomía que se pierde desde una individualidad inútil, son blabladurías, discusiones dejadas atrás. Se avanzó desde atrás a ocupar las primeras filas, se pasó de la crítica en una cena a la crítica por radio a mirtha legrand, y tantos otros personajes que se pasearon por los noventa engalanados sobre su propia miseria. Se llevó la discusión a otros planos, se despertó a algunos caídos y otros recién avivados. Nos estamos mudando como sociedad, en lo que va de la convivencia según cada uno, a otra escena, con papeles nuevos, que no variaron, pero brillan un poquito más, están latentes al descubierto, con desafíos que están en disputa todos los días, con aerolitos alrededor. Nacieron resultados, de luchas, y nacemos nosotros, con ellas. Y tenemos por delante crecer. Nos tocó perder en las últimas elecciones y acá estamos otra vez, con más entusiasmo del que nos había quedado, con un miedo más temeroso que el último que habíamos tenido. Dando la pelea, con anteojos, sin lupa, pero con determinación. No seremos los que cambiemos la marcha del mundo, pero a lo mejor empezamos a desenredar lo de las últimas décadas. Y tenemos toda nuestra vida por delante, y la que nos sigue, si todo sale más o menos bien, para dar las batallas. Parece mucho en mí, que no tengo todavía 22 con posibilidad de futuro prolongado. Pero tenemos una nueva ley de medios, juicios que sumar a curas, funcionarios, empresarios, enfermeros. Nietos, hijos por encontrar. Libros que editar, verdades que contar, materias que dar en escuelas, en facultades. Políticas que exigir, peleas que dar, artículos que escribir, riquezas por repartir, análisis que hacer, proyectos que apoyar. Soluciones que inventar ahora que no estamos distraídos, ni vencidos y ahora que el derrotero son los aerolitos.



12 septiembre, 2010

entre visiones

Piezas. De todos los tamaños y las formas. Enganchan dos, titilan otras a los costados. Se elige sentido. El tablero es infinito. Lo multiplico yo, vos, aquellos, ella. La vuelta se da acá, en la manija de la puerta cuando se sale a la calle, en la mirada con el que está sentado en el bar de paso, en las palabras que mandamos a oídos que agarran y dejan caer. En el aerolito que explota, contento y desnudo, y en el que mira el piso que tapa la ropa que ya no importa.

11 septiembre, 2010

midiendo fuerzas


Más atrás no tenemos pensado volver. Ya soltamos el elástico y de ahí, para adelante. Hoy, a nivel nacional, Kirchner, después, el que salga de las profundidades; que es por acá, en ojos que esperan algo más, en los que lejos del poder soñamos en chiquito, en los que ilusionados y todo, no se desenajenan de sí mismos. Lo que se suele llamar; profundizar el modelo. De ahí, los nuevos liderazgos. Si por esos avatares; de la pareja, de  aaaalguuuunaaa paaarte de la oposición que, por eeesas cosas de la viiiida, puueda hacer aaalgún mérito, de clarinetes que inyecten sin mediaciones de diarios directamente en el cerebro votos a magnetto, en fin, si  las elecciones no acompañan, en la pelea diaria vamos a ser muchos. Eso quería decir. Y sino, miremosnos el martes. No sólo en número, porque es una variable voluble, pero en entusiasmo militante.

10 septiembre, 2010

suma de todos los días


Que no existe el instantaneísmo lo supimos antes de que word lo subrayara, mucho antes. Lo entendimos un poco después, tal vez, con las primeras repeticiones, cuando insistíamos sueños que veíamos alejarse y sin embargo la vida seguía. Con francisco quise salir del aula de tercer grado de la mano y dar vueltas manzanas, mirar la luna sentados en algún cordón de vereda y robarnos besos que siquiera imaginábamos. Pero francisco huía, rompía mis cartas, se ponía colorado. No era tan fácil desde entonces. En el 2001, los intermedios, supieron el mismo concepto, la historia no empezaba con ellos. Habrá que ver cómo lo aprenden, si les falta mucho, porque hay momentos en los que se hacen necesarios para la lucha nacional. La vertiginosidad de las fechas que vamos a ir llenando en agendas de acá a fin de año, y durante la campaña, se va a ir de bombo en bombo, de sentencias judiciales en nuevos medios que se abren, de debates en facultades a actos en los que dejamos la fuerza y seguimos renovados, enriquecidos por el número y los sentidos. Acompañado ese, nuestro paso, por las alianzas que se entreveran, los titulares de diarios que dispersan, los comentarios malabaristas que terminan por no decir nada. En fin, que vernos en número no haga perder de vista los que no están, que entusiasmarnos no nos haga quedarnos solos persiguiendo a francisco por los pasillos de la escuela.

dibujando dibujos desdibujados


Me frotaba los ojos porque la imagen entraba borrosa. Sentada, entre otros, mirando caras que se desdoblaban, brillando, con su propia sombra. No veía. Y era una revelación. Además de ramificarme entre sentidos de palabras escuchadas, consciente de filtros y habilitaciones por las que pasaban hasta alcanzarme y llevarme, tenía, en ese momento, un agujerito por el que mirar, sin ver.
Se va repitiendo en otros escenarios. En la clase, el profesor se vuelve anónimo. En la calle, me saluda la mano de dani, que es para mí, hasta chocarla, una mano, agitándose, desde una nube, que no determino la forma. Los carteles se eclipsan, y desde algún rincón, invento los anteojos que en pocos días van a sumarse a este borrador que arrastro, dejo y me llevo. Se acorta la distancia, se ensancha lo que tengo más adelante, como cuando abrir los ojos grandes y fijos, desdibuja los contornos. Lo que miro se pierde, al mismo tiempo que lo miro, se chupa a sí mismo, deja de ser y es otra cosa. Mientras, soy testigo, vouyerista y miope.
No me hace falta la agudeza de la vista para alcanzar la percepción de lo que se respira mientras somos un puñado de veinte, una noche fría, en un centro cultural de techos altos y ventanas sin vidrios, distribuidos delante de una pantalla que recrea a manzi y una época que vimos pasar cuando parecía haberse terminado, y que vemos pasar, cuando parece que entra, con otro paso, porque estamos decididos a continuarlos. Lo empiezo a ver, al mismo tiempo que me falla la vista.

09 septiembre, 2010

pasillo, de la escuela a las paredes

                     
Entre novedades inusuales, de esas que no pasan desapercibidas, y marcan una vía singular, fuimos con lucía, poniéndonos al día. Y vos, qué es de tu vida. Por salir a pintar las paredes, ahora a las doce. San Juan increíble, Néstor también. Sí, llamó a que saliéramos a la calle. Nosotros veníamos, haciéndolo con el chivo. Barreal, un pueblo en un valle entre la precordillera y la cordillera. Siete manzanas, una ypf abierta toda la noche, viento que sacude y vacía, josé, el señor que limpia la plaza, y Julia, la chica de buenos aires que semanas atrás durante su viaje iba todas las mañanas a sentarse en el pasto con el mate y algún libro, y charlaba con él. Hizo esfuerzo para acordarse el nombre, con simpatía, de alguien que probablemente no iba a volver a ver. Ni yo. Recovecos que quedan lejos. Del tiempo. Se empieza a decir algo de un ministerio para jóvenes. El martes salimos para buenos aires. Qué es de mi vida y la respuesta plural, que rompía con las historias personales que habíamos estado desplegando, cuando el entusiasmo estaba en otros planos y yo ponía en palabras mi propia búsqueda de que me choquen, me desdigan, me cambien el rumbo. Nos acordamos de la escuela, el jardín y el pez de lunares de la pecera de entrada, el supermercado fantasma a mitad de cuadra por moreno, de estanterías interminables y dos o tres paquetes de galletitas, sin luz,  y la misma señora en la caja durante años. Paisajes en los que crecimos y ahora relatamos, encontrándonos con las que fuimos. Mientras, un gato maúlla del otro lado de la puerta. Ningún otro sonido hubiera podido completar esos recorridos históricos. Qué pensábamos exactamente tantos días de aquellos. Qué canción tarareábamos, desde dónde firmábamos en secretaría por comer mandarina en clase, y desde dónde no firmábamos por otro tipo de cosas que morían en miradas. Nos despedimos en una esquina, y pedaleé los árboles, las casas, los autos, el asfalto. A otra esquina fuimos llegando, con aerosoles y alegría. Mucha gente en la calle, en los bares, saliendo un miércoles a la noche. El país está mal, y uno los ve salir. Relajados, en plena recreación, aunque no signifique mucho. En el fondo saben que están bien gobernados, que la boluda es brava, y se pueden desentender, llegan a desentenderse. Eso pensé. Podría ser. Al menos lo último. Lo de que se desentienden. Se ve porque uno cada vez se mete más. Se ratifica seguido, aunque se desaliente días más pesados. Y se encuentran un miércoles a la noche, tantas búsquedas que terminan en unos chicos escribiendo paredes por ejemplo. Con otros que escriben otras cosas, con algunos que miran, o chiflan o están disfrutando un vino, una charla, una mina que pasa del otro lado de la vidriera y dentro de poco, con pantalones cortos. Vamos dejando al chivo 2011 a nuestro paso, enfrente de un gimnasio abierto a la una de la mañana, esas cosas que pasan en éste siglo nada más. -Ahí está -decía guille, mientras yo sostenía el esténcil y estaba por apretar el aerosol- vamos. Con un tono de aliento, de salida de carrera, a ella misma. Listo, cuando terminaba. Con una sonrisa. Así una y otra vez. En cada pared, conteiner, garita. Y la sonrisa a cada paso. Brillaba. Existía mientras desnudábamos los absurdos de lo que ella llamó la inteligencia puesta en la izquierda más retrógrada, -o logística, para no darle tantos márgenes-. Me di vuelta para ver lo que dejábamos ahí, conociendo ese histórico deseo de escribir para tantos tantas veces y eligiendo esta noche decir eso. Y semanas atrás, con pintura, también eligiendo decir rosario para todos. Nos cruzábamos con el resto de la banda, cómplices, entre risas, y seguíamos. Falú nos dijo que la crítica que tenía a estos tiempos era que faltaba esa mística, que ellos habían tenido en la época dorada. Esa que intentamos construir todos los días, en un escenario claramente distinto de aquel tucuman y esa rosario que pintaba de convicciones y a colores, hombres y mujeres que hicieron desaparecer. Qué, sino algo parecido a la mística, eran esas chispas en calles opacas. O la sala de la que no terminábamos de salir mientras llegábamos a falú, en la que un ecologista nos encontró en silbidos y gritos, en  canciones al pingüino, mirando butacas llenas, y más allá, arriba, compañeros de otras provincias parándose, sumados a la ola de alegría y arrebato, golpeando cada vez con más fuerza la distorsión con las manos, en aplausos. Con la ropa manchada, y los dedos pegoteados, fuimos a dejar las cosas, a un departamento, y otro gato miraba desde una silla, con los ojos enormes y pantuflas en las patas. Al otro día se vuelve, es cierto, a la construcción cotidiana, desde abajo, pero el sábado llegan las nuevas remeras y el martes la juventud le habla a Néstor. Prende y apaga, queda lejos. Aerolitos caen a los planetas, medios desintegrados, a punto de morir. Piedras de aire que cuando chocan se calientan y forman estrellas fugaces. O bolas de fuego. Pero vienen de otras partes del espacio, de no poder ser. Paca, la que viste a  ésta que es cuando mira las combinaciones. De un choque y un derrotero. Y alguien, algo, un aerolito que se atreva a decir.