25 octubre, 2010

dar letra

están desparramadas disfrazadas en procesiones. No llegaron a ser personas, pero las trepan, se adhieren, las expulsan y ellas, las personas, le ofrecen la birome, el teclado, la voz. Las letras se meten en donde no están aunque se metan. se arman barullos, palabras, patotas que sin arremangarse pelean, la a con la o, se revuelcan, la ese le toca el punto a la i, la jota se estira para acariciar a la e, mientras la a y la o siguen peleando una pelea interminable. ayer me llegó un correo de mona desde tabernas viejas escondidas en Madrid, en un intento por sortear una distancia no sólo geográfica, deseándome entonces un feliz cumpleaños que habrá creído recibido entre otros sin tanta originalidad, mientras por acá lo recibía al menos inesperado, porque el calendario de octubre que tengo en la pared atrás de la pantalla dice que todavía no es veintinueve. qué lío los números también. andrés está llegando a México con el bajo al hombro a caminar un festival internacional vanguardista para hacer tropezar fronteras, que entonces se corren. cómo viajan los chicos. Cuánto hace que las letras saltarinas dejaron de acomodarse en joaquin. (le) tengo abandonado ese túnel constantemente renovado desde el que aparecía para decir lo que ya no importaba. Supo ser una de mis mejores creaciones. Ahora dibujo garabatos más próximos o igual de lejanos pero con menos capricho, sin zamarrear redes que tienen como escaloncitos para manos que sueltan y agarran para volver a soltar sin que se borre la red, la mano, el cuerpo. a propósito de ellas
aún deshaciéndome
no se enfrentan en ningún espejo
ni están etiquetadas como gemelas,
sólo son semejantes.
Posiblemente deseando ser útiles en la misma proporción pero sometidas a una división de tareas.
No gozan de mucha libertad, más bien responden a caprichos arbitrarios. Sin embargo, se toman usualmente ciertos atrevimientos.
Tengo la impresión que hace tiempo desean el contacto
diario con la hoja.
Decidí con una convicción progresiva retomar la costumbre, no habían presentado renuncias ni las había despedido,
habían sido relegadas, con la conocida arbitrariedad hasta que
sorprendí a mis ojos
en los rumbos independientes
de mis manos. Una sostenía el cerebro
la otra re-tenía sentidos
detallando la visión podía sacarle provecho al atrevimiento oportuno.
unir cables, de letras
recordar olvidos, de palabras
repasar sueños, de anoche
agarrar pelusas, del rincón.
Las manos sonreían clandestinas,
la derecha con un anillo,
la izquierda, desnuda
las letras, en la piel,
ahora subidas a un teclado, como la vaquita de san Antonio, de alas tan chiquitas
que agita insistentemente
porque sabe que el aire completa el empujón.  

No hay comentarios: