hay veces que, con buen tiempo, la cosa se da así. aunque todo sea muy amplio, casi relativo
y nada muy chiquito, casi regresivo.
es ese momento decisivo de indeterminación.
en la vereda hay unos nenes, de distintas edades, saltando. para saltar, no es necesario caminar. basta con pararse y tomar envión. por eso, hasta los que no caminan, pueden saltar. caigan parados o se desplomen en el piso, saltan.
caminar tiene su sentido. y se aconseja, se practica, nos hace avanzar.
con mal tiempo, desplomarse es lo más seguro. digo, si llueve y el piso está resbaloso o el día oscuro. y como la seguridad es algo así como bien común, de sentido común, tan privada que hace que uno se lave y se planche para no andar inseguros, saltar queda reservado para cuando se va la luna, salen los rayos del sol, y crecen las flores. ése es el ideal del salto fantástico. todos los colores, todas las ilusiones, todos los nenes, quieren estar ahí. Es casi una fiesta. Es, no se, todo. La fantasía del todo.
hay algunas cabecitas que pasean fantasías y otras que buscan vivirlas como si existieran, éstos, las acomodan en la realidad. Una vez pregunté después de algunas horas arriba del auto mirando los dos costados de la ruta, por qué en eso verde, ahí, en el campo, no se hacían casas para los que no las tienen. Se rieron, todos, y me explicaron algunas cosas que me parecieron tristes. con el tiempo aprendí a pensar menos desde mi chiquita individualidad, y más desde la sociedad que tenemos, con la fantasía de ser potencialmente más útil. me preguntaba, ayer, hoy, mañana, ¿a la izquierda, no se le ocurrió hacer lo mismo? caer al siglo XXI, año 2011, país Argentina, y querer ser, el kirchnerismo revolucionario? a quién le va a tocar ese papel?
la adrenalina de los nenes saltando en la vereda es una confluencia dinámica en la que pueden sentirse más o menos alegres. no se están peleando ni haciendo la tarea, ni cerca de los retos de los grandes, el clima festivo, los cordones atados y la picardía que comparten, hacen del juego, un placer. Sobretodo cuando en la calle, otro grupo, ensimismado, con una pelota, juega al cuadrado.
Hay, abajo, en el entramado social, una caminata ayudada por los vientos que vienen de arriba. Una tarea inmensa para ponernos al día. Saltos que pueden mostrarnos que estamos preparados. O derrotas que sigan demostrando lo que queda por hacer, caminando. Mientras lo que se ponga enfrente sea un grupito cantando, ¡el que no salta es joven k!, no hay mayor desafío actual para saltar por los aires, de árbol en árbol y de techo en techo.
y nada muy chiquito, casi regresivo.
es ese momento decisivo de indeterminación.
en la vereda hay unos nenes, de distintas edades, saltando. para saltar, no es necesario caminar. basta con pararse y tomar envión. por eso, hasta los que no caminan, pueden saltar. caigan parados o se desplomen en el piso, saltan.
caminar tiene su sentido. y se aconseja, se practica, nos hace avanzar.
con mal tiempo, desplomarse es lo más seguro. digo, si llueve y el piso está resbaloso o el día oscuro. y como la seguridad es algo así como bien común, de sentido común, tan privada que hace que uno se lave y se planche para no andar inseguros, saltar queda reservado para cuando se va la luna, salen los rayos del sol, y crecen las flores. ése es el ideal del salto fantástico. todos los colores, todas las ilusiones, todos los nenes, quieren estar ahí. Es casi una fiesta. Es, no se, todo. La fantasía del todo.
hay algunas cabecitas que pasean fantasías y otras que buscan vivirlas como si existieran, éstos, las acomodan en la realidad. Una vez pregunté después de algunas horas arriba del auto mirando los dos costados de la ruta, por qué en eso verde, ahí, en el campo, no se hacían casas para los que no las tienen. Se rieron, todos, y me explicaron algunas cosas que me parecieron tristes. con el tiempo aprendí a pensar menos desde mi chiquita individualidad, y más desde la sociedad que tenemos, con la fantasía de ser potencialmente más útil. me preguntaba, ayer, hoy, mañana, ¿a la izquierda, no se le ocurrió hacer lo mismo? caer al siglo XXI, año 2011, país Argentina, y querer ser, el kirchnerismo revolucionario? a quién le va a tocar ese papel?
la adrenalina de los nenes saltando en la vereda es una confluencia dinámica en la que pueden sentirse más o menos alegres. no se están peleando ni haciendo la tarea, ni cerca de los retos de los grandes, el clima festivo, los cordones atados y la picardía que comparten, hacen del juego, un placer. Sobretodo cuando en la calle, otro grupo, ensimismado, con una pelota, juega al cuadrado.
Hay, abajo, en el entramado social, una caminata ayudada por los vientos que vienen de arriba. Una tarea inmensa para ponernos al día. Saltos que pueden mostrarnos que estamos preparados. O derrotas que sigan demostrando lo que queda por hacer, caminando. Mientras lo que se ponga enfrente sea un grupito cantando, ¡el que no salta es joven k!, no hay mayor desafío actual para saltar por los aires, de árbol en árbol y de techo en techo.
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