24 octubre, 2011

un toque de cambio en la mirada,
no sólo en la dirección     de arriba abajo y al costado directo.
una mueca de ojos,
y la chilena con la punta de la sonrisa.

del decoloque de la visión,
el sentido del viaje.
las pequeñas historias, por donde anda el cuerpo
y se meten los ojos. 

29 marzo, 2011

de vez en cuando su cuerpo respira

Encontré el último papelito. Sonreí, con un suspiro inútil. Había empezado yo, antes de que la cosa empezara acá afuera, donde de tanto repetir o mantener se ve y se toca y se habla que algo pasa, que estamos en camino, en algún camino. Le dejaba papelitos en la mochila, tratando que no se diera cuenta, cuando cerraba los ojos, esos faroles que eran como míos o no eran para el mundo. Me divertía saber que se iba a sorprender, más tarde, cuando lo encontrara, antes que lo guardara en la billetera. Porque después de dos o tres ya supe que estaban uno arriba del otro, como pegados, atrás del pasado que pasea en fotos carnet. Escribía tres o cuatro papelitos y elegía los lugares, a veces cuando empezábamos a irnos de acá, los metía en el bolsillo del pantalón y aunque me olvidara, el papelito seguía ahí. Me avisó, cuando le abrí la puerta que había hecho lo mismo, se había multiplicado en mi cuarto, a las apuradas mientras me bañaba, siempre me avisaba, creía que las sorpresas le salían mal. Abrí el cajón y sonreí, ese día, me despeinaba y caían palabras. Supe que faltaba uno. Y aunque me olvidé, el papelito siguió ahí.
Hace un rato paré en la biblioteca, fui al estante de los libros a medias, pendientes, esos que quiero pero no puedo, por el tiempo, las prioridades, y agarré uno que fue a parar hace varios meses al estante olvidado, casi un año al margen de la mesa de luz. Me acosté y se cayó, el papelito, sorprendiéndome, el último de esos que escondió un día mientras me bañaba.  

a todo o nada

hay veces que, con buen tiempo, la cosa se da así. aunque todo sea muy amplio, casi relativo
y nada muy chiquito, casi regresivo.
es ese momento decisivo de indeterminación.
en la vereda hay unos nenes, de distintas edades, saltando. para saltar, no es necesario caminar. basta con pararse y tomar envión. por eso, hasta los que no caminan, pueden saltar. caigan parados o se desplomen en el piso, saltan. 
caminar tiene su sentido. y se aconseja, se practica, nos hace avanzar. 
con mal tiempo, desplomarse es lo más seguro. digo, si llueve y el piso está resbaloso o el día oscuro. y como la seguridad es algo así como bien común, de sentido común, tan privada que hace que uno se lave y se planche para no andar inseguros, saltar queda reservado para cuando se va la luna, salen los rayos del sol, y crecen las flores. ése es el ideal del salto fantástico. todos los colores, todas las ilusiones, todos los nenes, quieren estar ahí. Es casi una fiesta. Es, no se, todo. La fantasía del todo.
hay algunas cabecitas que pasean fantasías y otras que buscan vivirlas como si existieran, éstos, las acomodan en la realidad. Una vez pregunté después de algunas horas arriba del auto mirando los dos costados de la ruta, por qué en eso verde, ahí, en el campo, no se hacían casas para los que no las tienen. Se rieron, todos, y me explicaron algunas cosas que me parecieron tristes. con el tiempo aprendí a pensar menos desde mi chiquita individualidad, y más desde la sociedad que tenemos, con la fantasía de ser potencialmente más útil. me preguntaba, ayer, hoy, mañana, ¿a la izquierda, no se le ocurrió hacer lo mismo? caer al siglo XXI, año 2011, país Argentina, y querer ser, el kirchnerismo revolucionario? a quién le va a tocar ese papel?
la adrenalina de los nenes saltando en la vereda es una confluencia dinámica en la que pueden sentirse más o menos alegres. no se están peleando ni haciendo la tarea, ni cerca de los retos de los grandes, el clima festivo, los cordones atados y la picardía que comparten, hacen del juego, un placer. Sobretodo cuando en  la calle, otro grupo, ensimismado, con una pelota, juega al cuadrado.
Hay, abajo, en el entramado social, una caminata ayudada por los vientos que vienen de arriba. Una tarea inmensa para ponernos al día. Saltos que pueden mostrarnos que estamos preparados. O derrotas que sigan demostrando lo que queda por hacer, caminando. Mientras lo que se ponga enfrente sea un grupito cantando, ¡el que no salta es joven k!, no hay mayor desafío actual para saltar por los aires, de árbol en árbol y de techo en techo.

26 marzo, 2011

once

El frío del piso del balcón y del aire que corre a la altura del once en un edificio viejo, al costado del río, mientras miro de reojo el barco iluminado que se roba el agua del Paraná y me acurruco tapándome las muñecas y los talones, con la capucha puesta, el libro entre las rodillas, me lleva a buenos aires, otros balcones, y algunos momentos elegidos al azar, con anto, que vive allá y que hace mucho que no veo, así en vivo y en directo, porque por medio de la computadora no dejamos de intentar aproximarnos lo más posible a esa espontaneidad de la cercanía que dejamos de tener. Rosario tiene un montón de edificios antiguos, de azulejos y vitrós, faroles y balcones, que pueden hacer retroceder al que los mira, a ese terreno de la historia que se perpetúa en medio del vendaval de hoy. Hay un buzón del correo, en una esquina de la peatonal, que me lleva también a su espacio, digo, cuando estaba menos solo, cuando había más buzones en más esquinas y también más manos metiendo en la rendija flaca la carta que una vez adentro estaba más cerca del que iba a verla en el piso cuando entrara o saliera de la casa.
Me apoyo en la baranda y miro para abajo. enfrente hay un local del pro, bunker le deben decir los cuatro muñecos que una vez a la semana prenden la luz, en esa esquina, y afortunadamente no se multiplica con el ritmo de las casas compañeras, ni cerca, en esta rosario que sí viene multiplicando el brillo con su casino y otras construcciones para cuatro, y los policías con luces azules en el 911.
Desde la ventana de la cocina de anto, una mañana, mientras buscaba algo en la heladera, miré al vecino que me miraba desde enfrente, es decir, cruzando la calle se levantaba un edificio que llegaba hasta donde yo estaba parada, también un piso once, y seguía más alto, por lo que después de algunos movimientos rápidos con los ojos volví a mirar al vecino, que además en buenos aires es extraño llamarlo así, y sentí que hasta podía decirle hola, buen día, palabras que no hicieron falta para percibir que estábamos en el mismo lugar, casi en la misma cocina, y haciendo lo mismo, mirándonos. Seguí, ese día, buscando algo que hacer ahí, entre repasadores suspiros y palcos en 3d. Parecíamos tan cerca. Llené la pava, prendí la hornalla, puse el fósforo en el cenicero, hasta que el agua estuviera a punto agarré la yerba, preparé el mate, pispié al susodicho que regaba plantas y caminaba en pantuflas,  prendí la radio, me senté en la mesada, charlé con anto que se había despertado, vi prenderse la luz del living del departamento de al lado a mi punto de vista, vi que también él giró la cabeza, abrí la ventana. tengo ganas de ver a anto, capaz se hace kirchnerista, y empezamos a cruzarnos en los actos, entre MILES. o seguimos encontrándonos en los márgenes, entre algunos.
Dejo el balcón a la lagartija y entro al cuarto, de casada, de mi hermana. paso por el pasillo y pienso, en qué andará anto. pasa Mora y maúlla algo que no llego a descifrar. seguimos acá, pienso, por la gata y por mí, desde el primer departamento de pau, cuando todavía iba a la escuela, hasta éste, tres en el medio, ahora el piso once. por acá andamos.

bella vista

Desde que se me nublaron los ojos veo posibilidades la más de las veces absurdas como si fueran reales. Qué será de nosotros. La disgregación de los colores y las formas en las manchas que capto hacen que vea por ejemplo ahora un mono tití agarrado a una rama, estático, con la boca abierta. Es divertido, en vez de minimizarlo, lo miro de nuevo. Son en realidad unos chirimbolos que cuelgan como uvas, hojas, chiquitas, semillas, no sé cómo se llaman, no son nada de eso, pero son del palo de los helicópteros, esos que si tiras para arriba caen girando.
Cuando me sentaba en el cantero de la vereda en la puerta de casa, antes no había rejas y había más pendejos, como yo, que eran la pelota la bici los gritos del barrio, cuando estaba sentada ahí, despidiendo a alguien o esperando que salieran los demás, agarraba del piso, del cantero, de las zapatillas los chirimbolos estos que tira el árbol y los rompía a la mitad, siempre los rompía igual, por la misma línea, y adentro tenían algo, que también tiraba con las dos partes cuando estaba por agarrar el que seguía. A veces, si me tenía que ir, me llevaba algunos en el bolsillo.
Es como un juego, de intuición, esto de ver un mono del tamaño de una mano con esa expresión, estático en la rama. Sonrío y sigo. Más tarde capaz me acuerde, me ría, lo busque.
Había unos tipos pescando al costado de la ruta, tenía puestos los lentes así que distinguí lo básico y me dieron ganas de pescar. Mojarritas. Como cuando tenía ocho años, los dientes para afuera, el pelo largo, el enterito de jin y buscaba lombrices en el patio, con un pie hundía la pala, sumaba el otro, un poco más de fuerza, la lata esperando, y después agarraba un boguero que sentía alegremente mío y salía por la puerta.
La tranquilidad y la ansiedad de los tipos al costado de la ruta, mirando el agua quieta, la boya que se hunde a tironazos, esa sensación de, está picando, ese segundo preciso, intensamente decisivo en su pequeño sentido, se me antojó. el resto es un embole, por eso voy a cuidar estas ganas, que están buenas.
mientras el club Mitre dure como lo que paradójicamente es, popular, con las parrillas, el muelle y las mesas arriba del agua, voy a seguir mirando de reojo a los pescadores una o dos veces, entre que lleno el vaso, me revuelvo el pelo o camino al baño, pensando en otra cosa, pero sabiéndolos en mi paisaje, en su vida. Cuando un lugar cierra tiene la consecuencia forzosa de que los que iban, no se encuentren más ahí. capaz los deje de ver, y el olvido vaya llegando a medida que los espacios se achiquen. Mirábamos con guido las fotos de cómo va a quedar cuando lo pongan a tono con la modernización que sobrevalua la zona del río. Un bajón, otra onda. No van a poder ni entrar, nos dijo un guardia. A lo mejor, no sería raro, le cambian el nombre. Vidriado, geométrico, herméticamente cerrado, negro, en combinación con el puente nuevo que hicieron ahí, desaparecen las parillas, el muelle de madera, el cemento desprolijo, la barranca de las guitarras y el asado, del vino, el folklore y la murga. a dónde nos iremos a encontrar. 

07 marzo, 2011

nunca nos pelearemos, en el año dosmil

creo que están subestimadas las consecuencias cerebrales de estudiar una historia que no pasó. Individual y colectivamente. Que si la conciencia es la base para la libertad, que sea más apedreada que el río explica la distancia. Demoro entre las discusiones del pasado que siguen hoy sin ponerse de acuerdo. Maira va más rápido, se aprende el programa, no es joda que sea más pragmática. Yo puteo a los dos mil once vientos. Después me río, no pasa nada, está todo bien, aunque estemos locos, Divididos, desencontrados, descomunicados. Aunque me haga pasar por una racional tranquila, hasta que el profesor soberbio se enoja y nuestra repetición de argumentos boxeadores termina en una nota en una libreta en un cajón en un gesto durante el día en un recuerdo en una risa descomprimida.
¿Qué tiene que ver la juventud del siglo veintiuno con el kirchnerismo? es una configuración, englobable, contradictoria, contemporánea, disruptiva, rebelde, reúnen los requisitos para hacer polémica, para empezar una conversación, para despejar lo que buscamos. Son parecidas, la juventud y el kirchnerismo. Éste último tiene a Néstor de símbolo, estrambótico, a Aníbal de contestatario visible y provocador, a cristina coraje. Aquella es numerosa, atrevida, tiene potencialidad, da idea de renovación, de re-estructuración. ¿qué se pueden dar? Representación, lugar, voz, ideas, votos, respaldo, -recíprocamente. La función es cultural, social, histórica, política, cronológica, discursiva. Por los mismos hijos de ese futuro año dos mil que ya pasó, y dentro de unos años para los hijos de mañana con el arrastre que reconfigura. Desconcierta. Agrupa. Nos da motivos.
¿de qué sirve el kirchnerismo en amigos jóvenes de mi al rededor? como síntesis, etiqueta, título, nombre, identificación.
mati me abre la puerta y lo primero que me dice es,
-el de anoche era kirchnerista.
o sonríe y me aclara
-la banca a cristina.
Agunas veces es apenas; -la va a votar. Pero es suficiente para alegrarse,
viene de otros complementos, y la pertenencia que encuentra ahí, resume el respiro que le significa,
la posibilidad de defenderse, defendiéndola
de individualizar esa mujer y admirarla con otro.
Es una pertenencia sin mediación, el respaldo de la cama es la estructura. el espacio se lo inventa, y así andan, muchos, desde cualquier punto de vista. como Mito
que parecen trabados
entre formas caducas que no atraen
y nuevas que no tienen forma. la explosión se vuelve su contrario a cada rato, pero no quieren estar afuera del ideario, con los que no entraron. Con los que, después de la lucha por la legitimidad, se quedaron sin otro modelo posible. Entonces lo hacen propio, individual, libidinal, conflictivo. las consecuencias son modificaciones en la forma de ver, de buscar, de pensar, en beneficio de encuentros posibles, de argumentar desnudos, de profundizarse en lo que nuevo que interesa porque el viento revuelve los papeles. porque otros soñaron este reflejo de derechos sociales en los que reivindicarnos. Porque la cátedra perdió confianza. Y Ve labura en un programa nacional. cristina mete pibes. el chivo hace la lista de jóvenes. anto en secreto con su diseño gráfico. maira pispeando a josé maría rosa. reflejos que se reconfiguran a cada rato posibles.

por error, que la noche corrige

No tengo ganas. Pero quiero, sin esfuerzo, vivir aunque sea en palabras, lo que se me ocurre. Para divertirme y para decir acá estoy, por ahí andaba, podes venir.
Anoche dos amantes se encontraron después de un par de años sin verse. Ese par de años que cumple el enano, que se asoma de atrás de la pelota de futbol en una foto de la repisa del living del segundo departamento de una familia chica, joven, prematura. Justo en ese momento. ¿no podía esperar un par de meses, que lo nuestro no durara, que yo desapareciera, que vos me digas hasta acá llego y me voy porque tengo miedo, o que me digas, es una relación de años y no quiero arruinarla, que es lo mismo. No podía esperar que nos sacáramos todas las ganas, que nos exprimiéramos y enroscáramos y nos tiráramos rodando de las lomas de Paraná, que nos creyéramos dueños del mundo y de la vuelta a la propia vida? No, tenía que despertarnos a mitad de la noche, el cuarto desordenado, las ilusiones primeras, esas de, nada es verdad qué bien la pasamos. Y nos pusimos serios, nos agarró desprevenidos, nos soltamos la mano, yo estaba triste, él asustado, unos meses de mierda, ese año. Nos dejamos de ver. Se venía mudanza y la transformación del impacto primero en alegría una vez enajenado en las ilusiones de los abuelos, el latido en la panza, la continuidad de uno, aunque no tan así, pero. Para mí el garrón era traer otro al mundo. Le dijiste que existe papá Noel le pregunté anoche, y se sonrió, siempre hacía eso de reírse así, y todavía, de mí y a mí me gustaba y me gustó que sonriera, porque además sé cuándo se viene esa forma de mirar, cuándo dejamos de aceptar y hacemos cortocircuito y entonces yo lo miro pelear y él me mira pelear y creemos entendernos un poco más o gustarnos un poco más, que se yo, parecen dos días largos pero son dos años o capaz tres, de distancia, nosotros cerca pero los años en el medio, mi departamento de estudiante, tu cara de cansado, la inocencia que vamos perdiendo.
Lo inesperado fue que dejáramos pendiente lo que en esos días, hace dos o tres años, era simple espontaneidad, los pies acariciándose en una silla abajo de la mesa mientras arriba nos reíamos entre locas y locos sin escandalizar la mirada, tranquilos, cómplices. Tengo una carpeta de cosas pendientes. Frases a la mitad. El recuerdo interrumpido de Javier. Estos pies acariciándose sin mesa que los tape, sin amigos que distraigan, con la simple espontaneidad intacta y la resignación tapando la pendiente. Lo inesperado fue haberme callado, que sigas hablando, no poder decirte, acá estoy, por ahí andaba, podes venir. Son vueltas,
estaba inaccesible en las hojas de historia y no tenía ganas pero me bañé y salí, el aire de la noche, los años vueltos días, el departamento lleno de juguetes, otra vez los pies en la misma silla. esa forma de mirar.

será por eso que del todo no me fui


Cuando memorizo, y vuelvo a ser otras que fui, a veces camino el pasillo hasta la ventana abierta de la puerta de la casa de mi abuela y le pregunto en puntas de pie si puedo ir al kiosco, porque una vez le dije eso y me dio monedas y ahí empezamos a repetirnos.
o miro esos años que me los pasé hablando, hasta dormida. dejaba de hablar para cantar, parada en la clase de música nacíenunbarriodondeellujofueunalbur y en la esquina de Juan de Garay y San Martín, la canción que quiera por la moneda que tenga y los más viejos se sensibilizaban, las parejas, aburridas, me daban monedas, por la serenata inesperada, por la anécdota de la semana, porque se habían reído. Después volvía a hablar, me había encargado de legitimarme, traía años de chistes de jaimito, de cuentos interminables que escribía en la mesita ratona del living y después leía persiguiendo por la casa a cualquiera, yo sabía que esperaban, sin que llegara, que hubiera un punto, que cerrara una idea, que terminara el cuento. no me lo decían, ni yo les daba el gusto.
aunque hubo una o dos que casi me salvan de lo que vino después. que me dijeron, hinchapelotas, no paras de hablar, quién te dijo que cantas bien. Casi me salvan si no se hubieran dado vuelta después, porque a esa edad le siguió la otra, la de hacer como que sabía lo que decía, que entendía lo que pensaba, que la tenía clara. y eligieron creerme, se vendieron, me dejaron de callar, entraron en su edad de cualquier explicación me viene bien. la pende me hizo acordar. yo también usaba palabras difíciles, para que las creyeran, ése era el problema, y las unía en frases largas y contundentes y se me deben haber cagado de risa, yo me cago de risa, también me da un poco de lástima, tantas palabras para decir, qué. ya ni me acuerdo.
Una noche, casi seguro fue una noche, empecé a mirar en silencio, o sea, me callé, y salía bien eso de escuchar sin hacer ruido, casi no molestaba, más expuesta la curiosidad me buscaba, empezaba por el final, me ahorraba las posibilidades que no quería, parecía más seria. sólo por eso volví, ahora, a decir cualquier cosa. Para no ser seria, que crecer ya trae lo suyo como para. Y eso que no se trata todavía de envejecer. es esto de no alcanzar, la lagartija en la pared, se me sale de las manos, la atrapa Mora y se la lleva a jugar, aparece Mariano, la agarra y la tira por la ventana. Qué bueno minimizar la inutilidad aparente de todo, el sinsentido de decir, seguir diciendo, contribuir a decir, ese balbuceo
que molesta desde el espejo, que
bueno que se convierta
para levantarse y salir a la vereda, silbando
y cantar
LaesquinaElalmacénElpiberío
y ver cómo la negra vuelve a ser ésa de uniforme, tentada, por mi interpretación.

10 febrero, 2011

seba artola concejal


Desde el cuarto del fondo de un departamento en el quinto piso de un barrio de buenos aires, al lado de la ventana  que trae los autos desvelados de la calle y algunos gritos perdidos en la noche, contactó manuel la agrupación que se acordaba escrita en la remera, buscaba a diego o a la chica de pelo corto, de esa noche triste. El velorio de Néstor. Las charlas y los silencios mientras pasaban las horas, dando algunos pasos, vaciando botellas. Qué golpe, la muerte en escena, traspasando estudios de radio y televisores prendidos, llenando la calle, opacando la soledad, esa soledad que deja la muerte. Una representación para todos, y el pingüino era vida y saltos, descuajeringado. Qué golpe, todavía triste. En cada uno.
Hay otra predisposición en el ambiente. Al lado del fanatismo opositor, esos sueltos, que aflojan determinaciones. Que sonríen, rápido, por los chicos que cantan en la peatonal con alegría. Ilusiones que se acomodan, en un año a las apuradas.
Se suman incomodidades, que hay que tragar, y que afirman la urgencia de organización y arranque. Nada de pararse, que benedetti tampoco se salvó.
está esa pelea entre generaciones, o así a las apuradas, entre sueño y realidad. Ese recelo a la juventud, hecho de experiencia y desconfianza. Titubeo. Tiene su revés. La emergencia necesaria de lo que deviene, creciendo. Qué será de esto dentro de diez años. Mino a lo mejor se casa, y en el camino entendió cómo puede servir la política, esa vituperada, tantos años, cuando Del Sel podría haber enganchado la confusión. Hoy no puede ser más que un chiste, y de mal gusto. Pero Mino tiene que ser el anterior de lo que sigue.
Los que se dicen socialistas están a full con los edificios tipo hawai. Se arman esos líos de palabras, que confunden desigualdad y exceso alevoso con crecimiento y progreso. Pero hay laburo de base, y el tiempo que bailaba, ahora camina rápido. O anda en bici, como nuestro candidato. Mi hermano salía a pegar afiches para la campaña de mi viejo, éramos más pendejos, yo tenía medio metro y la mañana para conocer la vereda. no lo veía cuando volvía pero al otro día se levantaba contento, y me contaba. De eso me acordé cuando empezamos a caminar paredes haciendo la campaña del seba. Y también esta tarde, cuando el más enano de los hijos iba corriendo con los volantes entre los dedos, directo a la rodilla de los que se chocaba entre risas y aparecía flor a mediar entre estaturas, con palabras.
Se pasa de otra manera la bronca entre compañeros, cuando hay un espacio claro, integral, con objetivos comunes. La bronca se convierte en duda, en desafío, en algo de todos. La juventud se vuelve más joven y eso que no arrancaron todavía las peñas en el centro cultural Paso de los Libres, pero tenemos la inauguración de la primera Casa Compañera. Yo estoy con ganas de vivir la imaginación, de aventurar formas, de invitarte a estas noches que empiezan mientras armo la lista de música y me quedo por acá, con el viento silbando en la ventana.

04 febrero, 2011

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a lo mejor estoy presa de mis imaginaciones, como ella de mí. Alguna mentira debo estar creyendo, o por lo menos creando. El lenguaje no se salva de entrecruzamientos de mundos iguales de ficticios, de las imágenes por las que uno anda y de esas formas de sentir en plural. Que se yo, compartimos recuerdos, que se pueden ver y tocar, mientras los vivimos. Ver el gesto con el que algo se actualiza, el señor de la vereda, peinándose antes de volver para el trabajo. cuesta a veces dejarse llevar, saber que nos lleva, que aparece Javier y me voy a reconocer recuerdos sin que hablemos, tantos años pasaron. Que llega la noche y me lleva el grillo que corre pegado a la pared. que me llevan los libros, las notas, los ruidos, la insistencia en decir. Cuesta pero no cansa tanto como cuando nos cierran un portazo, y nos dicen por acá no te llevo, o esas veces cansadoras que no queremos meternos por esos laberintos que mejor tirarlos, al olvido. Cuando estoy menos pesimista creo en algunas cosas, y me llevo, a pasear, sin verme, por donde elija, en esa forma de escribir desordenada, los acomodamientos en el medio, o en el desorden. La tecnología es rara, por segundos casi te hace creer que la vida se puede abarcar por algún lado. Dónde escribo la dedicatoria, esa que va en las páginas de adelante cuando no hay tanta distancia entre la que regala un libro y la que se escapa, a leerlo, en la intimidad más suya. Bueno, no la escribo, la damos por sabida. Porque de ahí nos saqué a nosotras, y nos vas a encontrar sin más preámbulos. A mona la llamaron para ir en la lista de las elecciones, dijo que sí, pero no primera, por las dudas, por si se da un aluvión kirchnerista y ganan. vos decís?, no creo che. Sí, no sé, por las dudas no me arriesgo. Dejé una sonrisa por acá y me fui, a imaginar, aunque el año pasado tuvo la misma precaución. Se va quedando la facultad como el último reducto, por eso la alegría de esa ilusión posible donde podamos burlarnos de los que quieren imponer copias repetidas y en decadencia de cerebros que se fueron quedando atrás, y que nos quieren al margen, para que quedemos anónimos, y sus teorías nos engloben y nos saquen, toqueteados, despeinados, usados, como si no nos diéramos cuenta, como si pudiera esta electricidad seria de existir, de ser reales, y movernos todos los días y todo el tiempo en este mapa de convivencia social, esta vida que puedo sentir, como si pudiera ser muda, algo muerto desde tiempos inmemoriales y memorables.
Este hartazgo que se legitima actualizado, de que nos metan lo que quieren en la cabeza, con honores, disfraces desnudos
pinchados,
dándonos una conciencia que no existe, y que todo el tiempo hay que inventarle distracciones para que no vea la invisibilidad, para que tenga algo que decir la distracción, y con eso engrasar los mecanismos ya viejos, de diarios, emisión de billetes, de calles, de títulos, de La Nación y clarín y clases oficiales y mentes dominables, que diga en las revistas Gente, HOLA! o en twitter o en facebook o en la clase a un grupo de veinte repetido en miles de aulas y de bocas de alrededor, pero que digan, y si no dudan mejor, y si se puede hacer una nota periodística o un libro de sociología que se repita en todas las librerías hasta que se pierda de vista a blas alberti, más rápida habrá sido la efectividad de la distracción para los que están acomodados manejando el mundo que ofrecen a los que vienen atrás. No conozco otros motivos que no sean la prudencia en estrategias publicitarias para que mi termo no tenga una calcomanía que diga La Nación miente, porque es un juego de palabras que puede confundir. pero tiene que ser este revuelo, signo de algo más.
¿si resultara que no están acomodados
que se van a morir como uno, que también se olvida
la mayor parte del tiempo
que no está acomodado, por la alienación propia más cercana de piel con piel.
si resultara que les podemos ganar, que llamó una chica, empleada de cablevisión, a un número, que sonó en una oficina, y atendió pau.
-hablo de cablevisión y le quería ofrecer un servicio mejor y más barato de televisión más internet.
y pau le preguntó, ¿con fibertel me dan internet?
y sí. ofrecía el producto del monopolio desacomodado
–pero fibertel no tiene licencia para operar, ¿Cómo hacen?
–noo, eso era un problemita que ya se resolvió.
 –violando la ley lo resolvieron
-...
-no me interesa porque el servicio de cablevisión es malísimo y porque no quiero contratar a una empresa que viola la ley
y le cortó. ¡Le cortó! esos modales que tiene el monopolio, y esa barrera, infranqueable, que se les destapó. Están aventajados,  sí, pero en todo caso será una fuerza que torcer, un impulso que nos adelante, aunque no se presente como una revolución heroica, fatalmente seria, mirando la muerte y la vida a la cara sin toda esta institucionalización de por medio, aunque no sea tan fácil y tan difícil como creer que pueda ser la última cosa que hacemos y por eso y ahí, en la identificación que nos conecta con quienes les debemos sino la muerte, la vida,
la necesidad de continuar el borrador que dejaron en la mesa de luz de un cuarto hace años desaparecido.
Por eso chocar los vasos si le ponen a la autopista o a la agrupación Néstor Kirchner, si él también puede ser el avance que nos lleve al 2015 y 2019 y 2023 y si todo sale bien, a otro escenario.
tiene que ser el kirchnerismo que nace
y esta juventud que se abre paso encontrando la rebeldía,
la pasión urgente
para que a este nene cuando llegue a la escuela
no le arrebaten la alegría
de tener un amigo, pingüino
al que cantarle, néstor mi buen amigo.

24 enero, 2011

MAS

-por qué le gritas si no es tu presidente, me dijo con recelo la señora de adelante, dada vuelta para mirarme.
Era suyo evo, como bolivia, y ese orgullo que todavía no me quería compartir.
el 21, un año atrás, estábamos en tiwanaku, en la ceremonia ancestral por la reasunción de evo, entre tambores y rituales. el 22, un año atrás, en esa foto, el acto en la plaza Murillo de La Paz y más a la noche, dejando atrás los pasillos del estadio nos recibía chávez en la fiesta plurinacional.
qué mejor día para empezar un noviazgo, insistí hasta que se hizo mañana, escabullido el exceso romántico, rechazada la ilusión ansiosa, esta soledad.
Fueron días intensos, y por eso vuelven, atravesando geografías y distancias, y es como si volviera a vivirlos, desde el departamento, con estas ganas de salir para ir, de nuevo a esas calles de subidas que cansan mientras ellos, esa señora, empinan el cuerpo y marchan, con cierta lentitud en las espaldas y el esfuerzo de las piernas para aminorar el paso, porque la cuesta es alta, y los segundos pasan en llegar hasta más arriba, a donde se está yendo. Día tras día, vayan casi donde vayan, mirando arriba para llegar, se inclinan mecánicamente y dejan atrás la salida, que va quedando abajo.
-¿es tu amigo? me preguntó la misma señora, como contenta, después del grito ¡EVO!, y mis dedos en ve, y su puño cerrado, y correa y garcía linera con los dedos en ve.
-Tenga cuidado, acá con ese gesto se identifican algunos de derecha, me dijo un señor de Oruro, desde la otra rama del árbol a donde nos habíamos subido.
La agudeza de García Linera, el silencio de la plaza que lo escuchaba, esa sensación de, ay, qué vice. dando cátedra de los pilares en la toma del poder de los movimientos sociales, la unificación del pueblo, el tejido social articulado, y que las ideas de los movimientos sociales irradien al resto de la sociedad. sólo la unidad -identidad cultural- vence las adversidades. rescatar principios de los héroes que guiaron las victorias. Desconcentración de poder y posicionamiento territorial del estado en cada centímetro de la patria. Después Evo, la única voz durante más de una hora, haciendo el balance social, económico, político, de los cuatro años de gestión 2006-2010, dando nacimiento al estado plurinacional, pidiendo a dirigentes sociales, sindicales, originarios que ayuden frente al desagüe ideológico de algunos sectores. Una fiesta, ese 22 de enero, de revolución democrática basada en la conciencia del pueblo boliviano.
Lo vimos en los paisajes más alejados, una piedra chiquita, en medio de la selva, EVO. Y también en caminos de montañas, y remeras en la calle, y alegría de la gente. Escrito en la tierra, al lado de las cascadas en coroico, MAS EVO. En el reggaeton que escuchaban los funcionarios cuando entré al palacio de gobierno, la primera vez que llegamos a La Paz, y me pasearon por pasillos y escaleras, hasta el vocero y la secretaria, para esa entrevista, en pantalones de colores y con un mp3 en el bolsillo.

13 enero, 2011

2011

entre humo y metrallas brindamos el 31, dije y nos reímos, caían chispas, a los pies, la espalda, en la frente vuelta al cielo. explotaban colores y no nos alcanzaban los ojos para recorrer la piel de ese 2011 que se asomaba cargado de futuro, matando canallas. se fueron al fondo del mar los deseos en la botella, a cumplirse cada vez que algún pez se asome a espiar por el vidrio o cuando una banda de peces la descorchen y se emborrachen con letras de sueños. el año pasado la tiré en el titicaca, con una soga, para imitar a manolo, que la hace girar y la suelta con fuerza. por ahí andan nuestras búsquedas, y por eso nos miramos, ya más grandes los dos, y sonreímos, los pies llenos de arena, mi viejo. y esta insistencia de soñar.

12 enero, 2011

estelas en la mar


La invité, una vez, dos, no me acuerdo si tres, pero no hubo caso. La mamá no la dejaba, yo tenía un castillito de arena de letras, para entrar a jugar, y nos quedamos solos. El castillito y yo. algunas mamás tienen esa cosa inexplicable de manejo desde atrás, y pueden en unos segundos arruinar, con soltura y por cualquier capricho, lo que una viene tejiendo precisamente desde muy atrás. Como una vez que teníamos preparada la escapada del mundo, nos íbamos a ir con la negra, y a su mamá se le ocurrió enojarse por quince incansables años de laburo sin ayuda de sus hijos y con algunos gritos nuestra escapada quedó atrás. Suerte que nosotras no éramos ningunas atrasadas en esa potencialidad madre y ya nos habíamos escapado del mundo, el día que a su mamá le pareció imperioso que su hija redimiera quince años de boludeo paralelo a sus quince años de seriedad, que era parecido a que volviéramos de ese nomundo fantástico, en el que, además, nos habíamos prometido no volver. Pero esa es otra historia. Y son otras mamás, siempre, la mía, tan comprensiva, no hacía esas cosas, por eso yo podía invitar a flor a jugar con arena, imaginando que era fuego, y que iba a ser divertido. Todavía me enoja que no haya venido, y eso que pasaron ya, como tres días. obvio que me enoja la ausencia de flor más que la burla de la mamá. Y me enoja tanto que debe ser patológica. Esa burla. Eran tan hermosas las letras de arena que se nos iban a escapar de la mano, así escurridiza como es la arena, y ese fuego que son como ojos a lo profundo, que tiene que haber sido la mamá, porque ella, sola, hacernos perder ese paisaje, robarnos la mejor parte del cuento que ahora no puedo contar, sería muy torpe, aniñado. Era la fantasía en el horizonte, había que caminar, diez, veinte pasos, rodeando el mar. Nosotras, imaginarias, impuras metáforas. hacer camino al andar. La hoja en blanco de repente en el libro; qué tenía que decir acá, la escribo o la dejo, será así o una edición barata, la arranco y me la fumo, la improvisación, lo excepcional. Si abrió el libro, flor, ese hombre malogrado, no me enteré. Yo también dejé algunas cosas sin hacer y me enoja, como si le hiciera decir al paso del tiempo eso, que él pasa y si las cosas quedan, se degradan y no pasan. Sentí unas ganas irracionales, insistentes, por primera vez a los doce, de escribirle una carta a Fernando peña. venían, las ganas, en cúmulos de sensaciones que se ordenaban en ideas descomunales, y volvieron renovadas y actualizadas tantas veces, hasta que a los dieciocho me cansaron, por densas, y mandé a la basura el bollo de papel que no había escrito. fueron tremendos los dieciocho años, tan arbitrarios, no pude siquiera después de eso volver a pensar en lo que quería decirle.
la tristeza cuando se murió, lo que no le dije, la carta en la basura. me da ternura ahora que estoy lejos de esas líneas que además no escribí. eran descubrimientos importantes para la que era, lo que sentía escuchándolo, como revelaciones claras y geniales, que existían, posibles e imposibles, pero hacer de eso una carta, era como acompañarlo, tan incomprendido que me parecía, a los doce años. la imagen de la soledad era parecida a la que tengo ahora, con la ingenuidad de que mi carta podía ser una caricia de él mismo, un papel en el que mirarse y hablarse sin salir de la imaginación. En fin, fue mucho antes de eso que le escribió a cristina, antes de que yo sea ésta, de que peña se haya muerto,
antes de haber transformado a flor en otra, que no es nadie, y es esos ojos. que se resisten.
esta ingenuidad, abismal, de mirarnos sin salir de la imaginación.